Radón en el entorno laboral: qué exige la NTP 1227 y cómo deben actuar las empresas

El radón es un riesgo invisible que puede estar presente en muchos entornos de trabajo sin que la empresa sea consciente. No se ve, no se huele y no produce efectos inmediatos, pero su impacto en la salud está demostrado: es la segunda causa de cáncer de pulmón después del tabaco.

En España, este riesgo ha ganado relevancia con la publicación de la Nota Técnica de Prevención (NTP) 1227 del INSST, que establece criterios claros para su evaluación y control en el ámbito laboral.

La clave ya no es si el radón puede estar presente, sino qué debe hacer la empresa para identificarlo y actuar correctamente.

¿Qué es el radón y por qué puede afectar a tu empresa?

El radón es un gas radioactivo de origen natural que se genera en el subsuelo, especialmente en terrenos graníticos. Puede infiltrarse en los edificios a través de grietas, juntas o zonas en contacto con el terreno. En exteriores se diluye fácilmente, pero en espacios cerrados puede acumularse, sobre todo en sótanos, plantas bajas, naves industriales, espacios con ventilación limitada... Por este motivo, su presencia en entornos laborales es más frecuente de lo que se suele pensar.

Un riesgo real para la salud laboral

La exposición prolongada al radón es un peligro invisible que incrementa significativamente el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón. Al filtrarse desde el subsuelo y acumularse en espacios cerrados, este gas se convierte en un agente crítico para la prevención de riesgos laborales, exigiendo una vigilancia técnica constante en los centros de trabajo.

La peligrosidad del radón es especialmente relevante en sectores estratégicos donde el contacto con el terreno o la falta de ventilación son comunes:

  • Construcción e Industria: Por el contacto directo con suelos graníticos y el movimiento de tierras.
  • Logística y Espacios Subterráneos: En entornos como túneles, almacenes o parkings donde el gas se estanca fácilmente.
  • Gestión de Oficinas: Principalmente en plantas bajas o sótanos situados en zonas de alta exhalación.

En regiones con una geología propensa a la emisión de este gas, como es el caso de Galicia, la medición y el control del radón deben considerarse una prioridad absoluta. Garantizar un aire limpio en el entorno de trabajo no es solo una obligación legal, sino una medida esencial para proteger la salud de los empleados a largo plazo.

Qué establece la NTP 1227: del conocimiento a la obligación

La NTP 1227 del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) proporciona directrices para gestionar la exposición al radón en el entorno laboral.

Los puntos clave que deben tener en cuenta las empresas son:

  •  Evaluar la posible presencia de radón en los lugares de trabajo 
  •  Realizar mediciones cuando exista riesgo potencial 
  •  Considerar como nivel de referencia los 300 Bq/m³ de promedio anual
  •  Integrar este riesgo dentro de la evaluación de prevención de riesgos laborales 

Más allá del marco técnico, el mensaje es claro: el radón debe gestionarse como cualquier otro riesgo laboral.

¿Está tu empresa obligada a medir el radón?

No todas las empresas presentan el mismo nivel de exposición, pero hay situaciones en las que la evaluación es especialmente recomendable (y en muchos casos necesaria):

  •  Instalaciones ubicadas en zonas geográficas con alta presencia de radón 
  •  Centros de trabajo en plantas bajas o bajo rasante 
  •  Espacios con escasa ventilación 
  •  Actividades en contacto directo con el terreno o el subsuelo 

En estos casos, la medición deja de ser una opción y pasa a ser una acción clave dentro de la gestión preventiva.

El nivel de referencia: qué implica superar los 300 Bq/m³

El nivel de referencia establecido es de 300 Bq/m³ como media anual.

  • Por debajo de este nivel: la situación se considera controlada, aunque es recomendable realizar seguimiento periódico 
  • Por encima de este nivel: la empresa debe adoptar medidas para reducir la exposición.

 

No se trata solo de evitar sanciones, sino de demostrar que se está actuando de forma responsable ante un riesgo reconocido.

Cómo medir el radón en el entorno laboral

La única forma fiable de conocer la exposición es mediante medición. En la práctica, el proceso es sencillo:

  1. Instalación de detectores de radón en las zonas de riesgo 
  2. Medición durante un periodo prolongado (habitualmente varios meses) 
  3. Análisis de resultados para determinar la exposición real 

Estos dispositivos son discretos, no requieren mantenimiento y permiten obtener datos representativos del entorno de trabajo.

Qué hacer si los niveles son elevados

Si tras las mediciones se confirma que el promedio anual supera el nivel de referencia de 300 Bq/m³, la empresa debe implementar medidas correctoras para reducir la concentración y, por tanto, la dosis efectiva recibida por los trabajadores. Al ser un gas 7,5 veces más denso que el aire, el radón tiende a estancarse en las zonas inferiores, por lo que las soluciones técnicas deben centrarse en los puntos de infiltración y en la renovación del aire:

  • Optimización de la ventilación: Una adecuada renovación del aire reduce la acumulación del gas en el recinto. Es fundamental controlar los caudales y su distribución, ya que las diferencias de temperatura y presión entre el interior y el exterior pueden favorecer la entrada de radón desde el terreno.
  • Barreras de protección y sellado: Es necesario actuar sobre las rutas de entrada identificadas, como grietas, juntas de construcción y huecos alrededor de las canalizaciones de servicios. El aislamiento del suelo y los muros en contacto directo con el terreno es una medida básica para frenar la exhalación.
  • Gestión de la presión (Despresurización): Dado que el radón se desplaza de zonas de mayor a menor presión (convección) , la instalación de sistemas que reduzcan la presión del aire bajo el suelo del edificio impide que el gas penetre en el interior.
  • Control de otras fuentes: En casos específicos, como en centros que utilicen aguas subterráneas o almacenen ciertos materiales industriales, se debe vigilar la liberación del gas en procesos abiertos o con aumento de temperatura.

Hoja de ruta: cómo actuar paso a paso

Para una empresa, la gestión del radón puede resumirse en tres fases clave:

1. Evaluar el potencial de riesgo

El primer paso consiste en analizar la ubicación y las características del centro de trabajo. Es fundamental consultar el mapa de potencial de radón para identificar si el municipio se encuentra en una zona de actuación prioritaria. En esta fase se deben considerar factores geogénicos (como el tipo de suelo granítico) y arquitectónicos, prestando especial atención a sótanos, plantas bajas y espacios con escasa ventilación.

2. Medir y cuantificar la exposición

La única forma de confirmar el riesgo es mediante mediciones técnicas. El objetivo es determinar la concentración promedio anual de radón, expresada en becquerelios por metro cúbico (Bq/m³). Para que los resultados sean fiables, los detectores deben ubicarse en zonas críticas donde el gas tiende a acumularse por densidad o por la presencia de vías de entrada como grietas, juntas de construcción o pasos de tuberías.

3. Actuar y controlar los niveles

Si las mediciones superan el nivel de referencia de 300 Bq/m³, la empresa debe intervenir para reducir la exposición. Las actuaciones pueden ir desde soluciones sencillas como la mejora de la ventilación natural o forzada, hasta intervenciones estructurales de sellado o despresurización del suelo. Tras las medidas correctoras, es imperativo realizar nuevas mediciones para verificar que la dosis efectiva anual recibida por los trabajadores se mantiene dentro de los márgenes de seguridad.

El valor del asesoramiento especializado

La gestión del radón no se limita a medir, sino a interpretar correctamente los resultados y definir las acciones adecuadas.

Contar con apoyo especializado permite:

  •  Asegurar el cumplimiento normativo 
  •  Optimizar el proceso de medición 
  •  Aplicar soluciones eficaces 
  •  Integrar el control del radón en la PRL de la empresa 

De la normativa a la acción: una oportunidad para mejorar la prevención

El radón ha pasado de ser un riesgo desconocido a convertirse en un factor relevante dentro de la seguridad laboral. La NTP 1227 no solo establece un marco técnico, sino que impulsa un cambio de enfoque: las empresas deben ser capaces de identificar riesgos invisibles y actuar antes de que tengan consecuencias. Gestionar el radón no es solo cumplir con la normativa, es avanzar hacia entornos de trabajo más seguros y responsables.

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